La investigacion científica siempre ofrece beneficios directos a la humanidad. Es el momento que cada país, sin excepción, tenga que valorar más la investigacion, la ciencia y la tecnología. Ella se alimenta de la educación, es su fuente de vida. Si los pueblos no son educados, la investigacion como fruto humano no puede germinar adecuadamente. América-latina tiene que despertar de su sueño paradisiaco, de su pereza y, sobre todo, de su servidumbre; para comenzar con entusiasmo a desarrollar la investigacion científica desde la vida misma., «...la Science n'est rien autre chose que la découverte de Dieu ». Teilhard de Chardin, Science et Christ, p.187. (JPCO, Montreal 2020)

Algunas de nuestras raices...

Jorge Eduardo Rivera Cruchaga

Jorge Eduardo Rivera Cruchaga (1927-2017). Uno de los filósofos más importantes de Chile y de Iberoamérica ha partido. El miércoles 25 de enero del 2017, a las 11:30 hora de Chile ha retornado a la casa del Padre el profesor Rivera: maestro, amigo y guía. La noticia me tomo por sorpresa. Muchas cosas ex abrupto brotaron de mi memoria. Muchas cosas podrían contarse de él. Hace treinta años que lo conocí. Muchos sentimientos han brotado de mi ser, y, muchos recuerdos, han empujado mi espíritu hacia treinta años atrás. Eran tiempos difíciles, los últimos años de la dictadura militar, eran tiempos de efervescencia política. Era el tiempo de buscar nuevos horizontes de justicia y equidad. El profesor Rivera nos formó en filosofía, con esa paradojal metodología suya de alegría y profunda seriedad por la filosofía. Casi todos esperábamos sus clases, pues, salíamos de ellas vitalizados como diría Ortega. Quedábamos llenos de ganas de vivir. En tiempos de muerte, en un Chile, donde la vida misma, parecía ser un aspecto secundario de la existencia. Hoy encuentro tan lejanos esos años, esos recuerdos. Sin embargo, con la partida del profesor Rivera me embarga una profunda nostalgia. Muchos recibimos de él tanto el entusiasmo por la filosofía como el impuso hacia nuevas vías del filosofar. El profesor Rivera fue el gran propulsor de Martin Heidegger y de Xavier Zubiri en Chile. Filósofos que conoció personalmente en España y Alemania. El profesor Rivera fue reconocido en Chile como uno de los mayores especialistas en el pensamiento de Martin Heidegger. Su traducción de Ser y Tiempo fue alentada por el propio Heidegger. Con él conocí la filosofía como un quehacer profundo y vital. Mi formación en filosófica, con él, comenzó con los Presocráticos, luego, Platón, Aristóteles, Thomas de Aquino, San Buenaventura, Hegel, Karl Rahner, Kierkegaard y Heidegger. Todos estos pensadores y otros más eran estudiados con pasión por el profesor Rivera en su idioma original. Dominaba casi diez idiomas. Todo ese horizonte filosófico fue cuajando lenta y penosamente una impronta filosófica en mi ser. Y, sobre todo, el pensamiento vivo de quien fuera también profesor y amigo suyo, me refiero a Xavier Zubiri. El cual, envolvió mi ser de una fascinación indescriptible por la filosofía, - como diría él: de una manera "entrañable"-. Estudió la filosofía escolástica, que complemento con su traslado Alemania, en la Escuela Fenomenológica de Friburgo y en la Hermenéutica de Heidelberg. H.-G. Gadamer fue su profesor guía. Trabajó durante años con Xavier Zubiri. Muchas veces, a pesar de su gran entusiasmo por Heidegger, se inclinaba por Zubiri. No por partidismo -me decía -sino por precisión filosófica. Zubiri le parecía más preciso que Heidegger en muchas cuestiones filosóficas. Pero su interés no sólo era la filosofía, la poesía, la música, las lenguas, sino también la mística. Recuerdo las lecturas semanales sobre el místico español San Juan de Cruz y su experiencia de fe. Era una lectura difícil. Una lectura fundada en la experiencia, en innumerables "noches oscuras", que alguna vez, nos confesó. El profesor Rivera era un místico, pues en él se conjugaba perfectamente la contemplación y la acción. Poseía el don de la enseñanza viva y alegre. En sus cursos se respiraba el entusiasmo filosófico. Recuerdo sus primeras clases, llenas de alegría que al mismo tiempo nos llevaban y sumergían en una profunda, silenciosa e inefable reflexión. Recuerdo una anécdota: un día fui a su casa, él estaba en su biblioteca, le pedí un libro, pero lo tenía en su habitación, inmediatamente subió al segundo piso, fue corriendo, como si nada más importara en ese momento. Cuando regresó. Yo estaba sorprendido por su vitalidad. Me dijo bromeando: “Yo tengo más vida que un joven de 15 años”. Así era el profesor Rivera, lleno de vida y alegría, la cual trasmitía y contagiaba en su vida personal y en sus clases. Fue más que un filósofo, fue un amigo. Un amigo con quien se camina por la vida, aunque sean por unos breves años. Su fe en Dios, para mí, fue decisiva en esos tiempos, como la fe de muchos de mis profesores. Su fe en Jesús era dinámica, firme y decidida. Conservo una carta suya enviada desde una estadía en Alemania. En ella hacia énfasis en la confianza en Jesús en tiempos de oscuridad. Durante el último tiempo de mis estudios de doctorado, en mis viajes, tanto a Viña del Mar como a Santiago constaté que el profesor Rivera, estaba viviendo momentos difíciles de su vida. En ese momento, me enseñó su última lección: “tener siempre viva la fe en Dios cuando brota la noche oscura del espíritu”. Así era el profesor Rivera, siempre teniendo un tiempo para escuchar las inquietudes filosóficas y guiar espiritualmente a quien le solicitase. Ahora que han pasado más de treinta años desde que lo conocí, recuerdo su mirada profunda, misericordiosa y paciente. Me enseñó a caminar con rigor en la investigación filosófica, a leer con serenidad y pensar con la mirada fija siempre en la verdad, en la verdad real, como diría Zubiri. Su paso por mi vida dejó una impronta de sabiduría, de aquel hombre que ha emprendido su Itinerarium cordis en la búsqueda filosófica y en la búsqueda de Dios. Son tantos y hermosos recuerdos que llevaré conmigo de éste gran filósofo. Tantos recuerdos que contarlos sería una empresa inagotable. ¡Gracias profesor Rivera por ser una luz en este mundo! « Personne ne peut avoir quoi que soit si Dieu ne le lui a pas donné » ( Jean 3, 27 ).           (JPCO, Montreal, Enero del 2017).

Pensamientos...

Avant de philosopher, il faut vivre ; et la vie exige que nous nous mettions des oeillères, que nous regardions non pas à droite, à gauche ou en arrière, mais droit devant nous dans la direction où nous avons à marcher (Henri Bergson, La perception du changement, puf, France, 2011, p. 14).

« Exister est un fait, vivre est un art. Tout le chemin de la vie, c’est passer de l’ignorance à la connaissance, de la peur à l’amour » (Frédéric Lenoir)

"Caminar hacia el futuro viviendo plenamente el presente con la sabiduría que nos dejó el pasado". (JPCO, Pensamientos, Montreal, 5 de junio del 2015).

La diafanidad paradogica 

El sentido de la visión es el sentido más apreciado desde los tiempos de la antigua Grecia, Babilonía y Egipto, tiene ese carácter de globalidad que nos permite situarnos delante, arriba, debajo, fuera y dentro de las cosas que nos rodean. Cuando, por ejemplo, miramos una ventana delante de nosotros, gracias a la diafanidad del vidrio, vemos lo que hay fuera del vidrio, al exterior, más allá. La ventana, el vidrio, nos permite las trascendencia, ir más allá. Al mismo tiempo, vemos lo que hay dentro, al interior de la ventana misma. Al mismo tiempo, vemos lo que hay dentro y lo que hay fuera de ella. Si vemos el vidrio directamente vemos el vidrio y vemos fuera y dentro al mismo tiempo. La diafanidad del vidrio nos instala en una crucial paradoja lo mismo que con un espejo. Nos vemos reflejados en el espejo y vemos al mismo tiempo el espejo mismo.

Le sens de la vue est le sens le plus apprécié depuis l’époque de la Grèce antique, Babylone et l’Égypte. Celui-ci, a ce caractère de la globalité qui nous permet de nous situer devant, vers le haut, sous, à l’extérieur et dans les choses qui nous entourent. Quand, par exemple, nous regardons une fenêtre en face de nous, grâce à diafanidad du verre, nous voyons ce qui est à l’extérieur du verre, à l’extérieur, au-delà. La fenêtre, le verre, nous permet la transcendance, aller au-delà. Dans le même temps, nous voyons ce qu’il y a dedans et ce qu’il y a dehors. Si nous voyons le verre directement, nous voyons le verre et nous voyons à l’extérieur et à l’intérieur en même temps. La diafanidad du verre nous installe dans un paradoxe crucial comme avec un miroir. Nous nous voyons reflétés dans le miroir et en même temps nous voyons le miroir lui-même. (JPCO)

 

Un gran regalo y un enorme desafio de mi gran maestro y amigo Jorge Eduardo Rivera.