Algunas de nuestras raices...

Jorge Eduardo Rivera Cruchaga

Jorge Eduardo Rivera Cruchaga (1927-2017). Uno de los filósofos más importantes de Chile y de Iberoamérica ha partido. El miércoles 25 de enero del 2017, a las 11:30 hora de Chile ha retornado a la casa del Padre el profesor Rivera: maestro, amigo y guía. La noticia me tomo por sorpresa. Muchas cosas ex abrupto brotaron de mi memoria. Muchas cosas podrían contarse de él. Hace treinta años que lo conocí. Muchos sentimientos han brotado de mi ser, y, muchos recuerdos, han empujado mi espíritu hacia treinta años atrás. Eran tiempos difíciles, los últimos años de la dictadura militar, eran tiempos de efervescencia política. Era el tiempo de buscar nuevos horizontes de justicia y equidad. El profesor Rivera nos formó en filosofía, con esa paradojal metodología suya de alegría y profunda seriedad por la filosofía. Casi todos esperábamos sus clases, pues, salíamos de ellas vitalizados como diría Ortega. Quedábamos llenos de ganas de vivir. En tiempos de muerte, en un Chile, donde la vida misma, parecía ser un aspecto secundario de la existencia. Hoy encuentro tan lejanos esos años. Sin embargo, la partida del profesor Rivera me embarga una profunda nostalgia. Muchos recibimos de él tanto el entusiasmo por la filosofía como el impuso hacia nuevas vías del filosofar. El profesor Rivera fue el gran propulsor de Martin Heidegger y de Xavier Zubiri en Chile. Filósofos que conoció personalmente en España y Alemania. El profesor Rivera fue reconocido en Chile como uno de los mayores especialistas en el pensamiento de Martin Heidegger. Su traducción de Ser y Tiempo fue alentada por el propio Heidegger. Con él conocí la filosofía como un quehacer profundo y vital. Mi formación en filosófica, con él, comenzó con los Presocráticos, luego, Platón, Aristóteles, Thomas de Aquino, San Buenaventura, Hegel, Karl Rahner, Kierkegaard y Heidegger. Todos estos pensadores y otros más eran estudiados con pasión por el profesor Rivera en su idioma original. Dominaba casi diez idiomas. Todo ese horizonte filosófico fue cuajando lenta y penosamente una impronta filosófica en mi ser. Y, sobre todo, el pensamiento vivo de quien fuera también profesor y amigo suyo, me refiero a Xavier Zubiri. El cual, envolvió mi ser de una fascinación indescriptible por la filosofía, - como diría él: de una manera "entrañable"-. Estudió la filosofía escolástica, que complemento con su traslado Alemania, en la Escuela Fenomenológica de Friburgo y en la Hermenéutica de Heidelberg. H.-G. Gadamer fue su profesor guía. Trabajó durante años con Xavier Zubiri. Muchas veces, a pesar de su gran entusiasmo por Heidegger, se inclinaba por Zubiri. No por partidismo -me decía -sino por precisión filosófica. Zubiri le parecía más preciso que Heidegger en muchas cuestiones filosóficas. Pero su interés no sólo era la filosofía, la poesía, la música, las lenguas, sino también la mística. Recuerdo las lecturas semanales sobre el místico español San Juan de Cruz y su experiencia de fe. Era una lectura difícil. Una lectura fundada en la experiencia, en innumerables "noches oscuras", que alguna vez, nos confesó. El profesor Rivera era un místico, pues en él se conjugaba perfectamente la contemplación y la acción. Poseía el don de la enseñanza viva y alegre. En sus cursos se respiraba el entusiasmo filosófico. Recuerdo sus primeras clases, llenas de alegría que al mismo tiempo nos llevaban y sumergían en una profunda, silenciosa e inefable reflexión. Recuerdo una anécdota: un día fui a su casa, él estaba en su biblioteca, le pedí un libro, pero lo tenía en su habitación, inmediatamente subió al segundo piso, fue corriendo, como si nada más importara en ese momento. Cuando regresó. Yo estaba sorprendido por su vitalidad. Me dijo bromeando: “Yo tengo más vida que un joven de 15 años”. Así era el profesor Rivera, lleno de vida y alegría, la cual trasmitía y contagiaba en su vida personal y en sus clases. Fue más que un filósofo, fue un amigo. Un amigo con quien se camina por la vida, aunque sean por unos breves años. Su fe en Dios, para mí, fue decisiva en esos tiempos, como la fe de muchos de mis profesores. Su fe en Jesús era dinámica, firme y decidida. Conservo una carta suya enviada desde una estadía en Alemania. En ella hacia énfasis en la confianza en Jesús en tiempos de oscuridad. Durante el último tiempo de mis estudios de doctorado, en mis viajes, tanto a Viña del Mar como a Santiago constaté que el profesor Rivera, estaba viviendo momentos difíciles de su vida. En ese momento, me enseñó su última lección: “tener siempre viva la fe en Dios cuando brota la noche oscura del espíritu”. Así era el profesor Rivera, siempre teniendo un tiempo para escuchar las inquietudes filosóficas y guiar espiritualmente a quien le solicitase. Ahora que han pasado más de treinta años desde que lo conocí, recuerdo su mirada profunda, misericordiosa y paciente. Me enseñó a caminar con rigor en la investigación filosófica, a leer con serenidad y pensar con la mirada fija siempre en la verdad, en la verdad real, como diría Zubiri. Su paso por mi vida dejó una impronta de sabiduría, de aquel hombre que ha emprendido su Itinerarium cordis en la búsqueda filosófica y en la búsqueda de Dios. Son tantos y hermosos recuerdos que llevaré conmigo de éste gran filósofo. Tantos recuerdos que contarlos sería una empresa inagotable. ¡Gracias profesor Rivera por ser una luz en este mundo! « Personne ne peut avoir quoi que soit si Dieu ne le lui a pas donné » ( Jean 3, 27 ).           (JPCO, Montreal, Enero del 2017).

Pensamientos...

Avant de philosopher, il faut vivre ; et la vie exige que nous nous mettions des oeillères, que nous regardions non pas à droite, à gauche ou en arrière, mais droit devant nous dans la direction où nous avons à marcher (Henri Bergson, La perception du changement, puf, France, 2011, p. 14).

« L’être humain est une créature en tension existentielle entre l’abîme de l’infinité divine qu’il intuitionne et l’abîme de son propre néant, de son moi perdu dans la multiplicité…La liberté est une expression de l’amour inconditionnel de Dieu. Et nous limitant au mental, nous ne pouvons qu’avoir des doutes et des peurs face à l’avenir. [ Robert CLAVET, Pour une philosophie spirituelle occidentale, pp. 127 et 131]. (Pensamientos, Montréal, 30 de enero del del 2017).

« Exister est un fait, vivre est un art. Tout le chemin de la vie, c’est passer de l’ignorance à la connaissance, de la peur à l’amour » [Frédéric Lenoir], (Pensamientos, Montreal, 5 de junio del 2015) « Le Ciel ne t’abandonnera jamais, si tu as confiance en toi-même » dit le poète. . (Pensamientos, Montreal, 26 de mayo del 2015).

"Caminar hacia el futuro viviendo plenamente el presente con la sabiduría que nos dejó el pasado". (Pensamientos, Montreal, 5 de junio del 2015).

La diafanidad paradogica 

El sentido de la visión es el sentido más apreciado desde los tiempos de la antigua Grecia, Babilonía y Egipto, tiene ese carácter de globalidad que nos permite situarnos delante, arriba, debajo, fuera y dentro de las cosas que nos rodean. Cuando, por ejemplo, miramos una ventana delante de nosotros, gracias a la diafanidad del vidrio, vemos lo que hay fuera del vidrio, al exterior, más allá. La ventana, el vidrio, nos permite las trascendencia, ir más allá. Al mismo tiempo, vemos lo que hay dentro, al interior de la ventana misma. Al mismo tiempo, vemos lo que hay dentro y lo que hay fuera de ella. Si vemos el vidrio directamente vemos el vidrio y vemos fuera y dentro al mismo tiempo. La diafanidad del vidrio nos instala en una crucial paradoja lo mismo que con un espejo. Nos vemos reflejados en el espejo y vemos al mismo tiempo el espejo mismo.

Le sens de la vue est le sens le plus apprécié depuis l’époque de la Grèce antique, Babylone et l’Égypte. Celui-ci, a ce caractère de la globalité qui nous permet de nous situer devant, vers le haut, sous, à l’extérieur et dans les choses qui nous entourent. Quand, par exemple, nous regardons une fenêtre en face de nous, grâce à diafanidad du verre, nous voyons ce qui est à l’extérieur du verre, à l’extérieur, au-delà. La fenêtre, le verre, nous permet la transcendance, aller au-delà. Dans le même temps, nous voyons ce qu’il y a dedans et ce qu’il y a dehors. Si nous voyons le verre directement, nous voyons le verre et nous voyons à l’extérieur et à l’intérieur en même temps. La diafanidad du verre nous installe dans un paradoxe crucial comme avec un miroir. Nous nous voyons reflétés dans le miroir et en même temps nous voyons le miroir lui-même.

 

Un gran regalo y un enorme desafio de mi gran maestro y amigo Jorge Eduardo Rivera.

Xavier ZUBIRI

El hombre y Dios de Xavier ZUBIRI

El hombre y Dios, es el primero de los libros póstumos de Xavier Zubiri, tal vez, el más bello de la filosofía contemporánea. En qué consiste esa “y” del título del texto El hombre y Dios es un grave problema. Y se convirtió, no hace mucho, en la “bisagra” fundamental de mi tesis doctoral. Naturalmente no voy a pretender examinar, en el breve tiempo de esta exposición, las ideas que esta tesis contiene, cosa que sería absolutamente inviable. Menos aún intentaré resumirlas en pocas palabras. Permítaseme, no obstante, escoger y abordar una idea central de esta investigación. Situemos brevemente nuestra cuestión. Zubiri fue colega de Heidegger por los años treinta. En Ser y tiempo el filósofo alemán habla de una "Erschlossenheit", "aperturidad". "Das Dasein ist seine Erschlossenheit". Esta "Erschlossenheit" está constituida básicamente por la "disposición afectiva", "Befindlichkeit" y el "comprender", "Verstehen", articulados ambos por medio del "discurso", por medio de la "Rede". Así, la "Befindlichkeit", "disposición afectiva", es la condición según la cual el "Dasein" siempre se encuentra en algún "estado afectivo", "estado de ánimo". El Dasein se encuentra, se siente consigo mismo en sus estados de ánimo. No es una intelección intelectual, teorética, sino un estar abierto al ser de las cosas, a las demás personas, a mí mismo. Cuando hay un sentimiento ya estoy en una situación determinada y, desde ahí me abro. Declaraba San Buenaventura: "magis exercitatio affectus quam eruditio intellectus". En este sentido, va a decir Zubiri: "El hombre no puede sentirse más que religado o bien desligado". Zubiri está haciendo mención permanentemente a nociones heideggerianas. En efecto, "no es que el sujeto exista y ´además` haya cosas, sino que el ser sujeto consiste en estar abierto a las cosas". Pero, Zubiri reprocha a Heidegger la insuficiencia de su análisis, pues, siempre hay "algo" más. "Además de cosas ´hay` también lo que hace que haya". En esta época el "hay" ocupa el lugar de la realidad. Sin embargo, para Zubiri lo radical no es la propia existencia. Lo radical no es un hecho entre otros, sino algo previo a todo hecho, esto es: la realidad misma. Y esta realidad inexorablemente se me hace presente no en un comprender existencial, sino en un acto fundamental de la propia realidad humana, el sentir. Zubiri abrirá una vía más radical que Heidegger. Así, vemos, de un lado, que gracias a la atenta mirada que Zubiri puso en la "Erschlossenheit", radicaliza el acto elemental y radical de la inteligencia. Que primariamente no aprehende la realidad por vía de comprensión, sino en un sentir intelectivo o inteligencia sentiente. La "Geworfenheit", de otro lado, ha sido considerada el "umbral" desde dónde arranca la compleja idea de la "religación". Al carácter fáctico del existir humano Heidegger lo llama el "estar arrojado", "Geworfenheit". Jorge Eduardo Rivera hablando sobre la facticidad y su articulación con la religación, nos dice que la facticidad no es un mero factum, sino una estructura de ser, y como tal tiene una función positiva en la constitución de ser del Dasein y que Heidegger no ha explotado plenamente este aspecto positivo de la facticidad. En cambio, sí lo ha hecho Zubiri, para quien en la estructura del "tener que" se manifiesta una ligazón al ser (o a la realidad) que Zubiri llama "religación", y que es el fundamento que nos lanza a la búsqueda de esa realidad enigmática que llamamos Dios. Zubiri está observando la insuficiencia del análisis hecho por Heidegger de la existencia humana, y ha transitado más allá de Heidegger, la prueba de ello es su ensayo de 1935. En efecto, Zubiri piensa a la altura de 1935, que el hombre se encuentra en algún modo implantado en la existencia. Pero, la palabra existencia para él es bastante equívoca; prefiere hablar de "ser". El hombre se encuentra implantado en el ser. Así, para Zubiri lo radical no es la propia existencia. Lo radical no es un hecho, sino algo previo a todo hecho, esto es: la realidad misma. Y esta realidad se me hace presente no en un comprender existencial, sino en un sentir. En un sentir intelectivo. La denuncia de Zubiri es evidente, "la existencia humana no está descrita con suficiente precisión", pues, la relación del hombre con la totalidad de la existencia no es simplemente "estar arrojado", hay algo "más". Porque la existencia humana no está solamente arrojada, sino "religada". Y este es el "fundamento" que nos lanza a la búsqueda de esa realidad "enigmática" que llamamos Dios. Hace ya más de una década, al finalizar mi sencilla tesis de Licenciatura. Había “anclado” la idea de los “sentidos espirituales” en la doctrina de la Inteligencia Sentiente de Xavier Zubiri. Ello, nos había permitido excluir la idea de que estos “sentidos espirituales” fuesen una simple y mera metáfora. En esa oportunidad recogía a modo de conclusión un texto clave de Zubiri. “La vista nos hace presente la cosa en su eidos, el tacto como mera presencia. Este modo táctil es, en el sentir intelectivo, propio por ejemplo de la presencia de Dios en un místico”. Las preguntas brotan naturalmente: ¿La presencia de Dios en el hombre es de intelección táctil? ¿Si hay intelección sentiente qué acontece con la fe? En esa ocasión, por el tiempo que disponía, no fue posible hacerme cargo de este pasaje y lograr un posible esclarecimiento. Para sorpresa mía, luego de años de leer y releer, penosa y largamente, muchas veces este mismo pasaje, la solución irrumpía luminosa y suavemente en una noche de primavera. La respuesta estaba en el mismo texto. Justamente en la línea siguiente. “El sentido kinestésico, así como el de la orientación y el equilibrio, nos dan la realidad en ´hacia`”. ¿Qué es eso de “ sentido kinestésico”? ¿Qué papel está jugando este sentido al interior de El hombre y Dios? “Dios está presente en lo real sólo direccionalmente”. Con estas palabras de la Segunda Parte de El hombre y Dios Xavier Zubiri expresa, lo que podríamos llamar el “corazón” del “corazón” de esta investigación. Zubiri piensa que la filosofía clásica se ha deslizado hacia dos errores fundamentales. Uno, procedente del dualismo que contrapone el inteligir al sentir. El otro, es la excesiva preponderancia a la presentación de lo real en visión. En esa dirección, la identificación, para él, de lo visible y de lo inteligible es filosóficamente falsa, pues, toda intelección es sentiente, eo ipso, todo modo de aprehensión de lo real, aunque no sea ni visual ni visualizable, es verdadera intelección. Así, en la kinestesia, ya no tengo presente la realidad, ni su noticia, etc. Sólo tengo la realidad como algo en “hacia”. No es un “hacia” la realidad, sino la realidad misma como un “hacia”. Es un modo de “presentación direccional”. En la kinestesia la intelección es una “tensión dinámica”. No es la tensión hacia la realidad, sino la realidad misma como un “hacia” que nos tiene tensos. Es un modo de aprehensión intelectiva en “hacia”. Y es en este “hacia” donde se inscribe el grave problema de Dios.