Siempre hay una nueva aurora

Lejos del campo, lejos de la ciudad, lejos del mar, lejos de la serranía, en pleno desierto, hace mucho tiempo, ocurrió un suceso misterioso. Un viejo Lobo se encontraba mirando el atardecer.  Había realizado un largo viaje en su vida: conocía muchos lugares; personas; y muchos animales. Pero hace algunos años la tristeza cubría como una sombra su alma. Estaba cansado, triste,  muy triste… Así, la tarde dio cabida a la noche. La noche empezó a cubrir todo el desierto y las estrellas empezaron su hermosa estela de luz…

“Las estrellas siempre han estado ahí, sobre nosotros, en el día no las vemos, no porque no estén presentes, sino porque El Sol con su intensa luz no permite que las podamos observar. Pero ellas siempre están presentes.”

Llego la noche y a lo lejos diviso una pequeñita luz. Era como una pequeña estrellita en el firmamento. Era una hermosa luciérnaga… De pronto, el corazón del Lobo empezó a latir con nueva alegría. No estaba sólo. Había otro ser vivo junto a él. Había visto a esas pequeñitas criaturitas hace mucho tiempo en un bosque en un otoño lejano o en un valle encantado. No lo recordaba con claridad… En eso la Luciérnaga contempló el rostro triste del Lobo y fijo su tierna mirada en él. Se acerco con lentitud y respeto y le dijo suave y dulcemente:

Luciérnaga: -¡Lobito! No te detengas. Sigue caminando. La vida consiste en marchar, en caminar. ¡Nunca te detengas!  Estamos de paso en esta vida. El mañana nadie lo conoce. Viaja, sigue conociendo otros lugares, otras personas, otros animalitos, otros pensamientos, otras ideas, otras vidas.

 

Lobito: -¡Luciérnaga he perdido las ganas de vivir!

Luciérnaga: -Lobito no has perdido ni las ganas de vivir, ni estás desmotivado. Lo tuyo es  mucho más hondo y oscuro. “Has perdido el entusiasmo por la vida”… Y el entusiasmo viene sólo del Cielo[1]. Es un regalo de la Eternidad a los hombres y mujeres que sinceramente buscan la verdad.  Ruega al Cielo que tu corazón vuelva a sentir entusiasmo por la vida. La Eternidad toca con su amor el vértice más profundo del alma y esa alma inquebrantablemente no puede sino lanzarse a la búsqueda de la alegría, la paz y el amor…Observa bien: cuando nosotras volamos nos iluminamos. “La Luciérnaga se ilumina cuando vuela”.

En esa medida cuando camines y emprendas tu viaje,  encontrarás tu verdadero ser. El hombre y la mujer se iluminan cuando se aman. Y en esa medida camina Lobito porque, tal vez, y es muy probable, algún día en tu marcha, en tu caminar,  encontrarás en el camino a alguien tirado triste y sin ganas de levantarse, sin ganas de vivir, alguien que no quiere seguir la marcha, posiblemente esté enfermo, enferma,  deprimido, desilusionada, fatigado, perdida…Y tú estarás allí, en ese futuro. ¡Nunca te detengas! Siempre hay una nueva aurora. Mientras más oscura esté la noche es porque está a punto de despuntar el amanecer. No maldigas las tinieblas ellas ya han maldecido demasiado al mundo entero y a sí mismas se han maldecido doblemente… Tú en cambio: “piensa que más vale encender una humilde vela que maldecir las tinieblas”. ¡Adiós Lobito!

-¡Gracias Luciérnaga! ¡Adiós…!

“La Luciérnaga se ilumina cuando vuela



[1] Entusiasmo en griego es “εν- θουσιασμός”, es estar poseído, arrebatado por la divinidad.